La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

PARA LAS NOCHES, SÓLO SOLEDAD

Soñar es perder el sedal de las realidades,
anzuelo de un mundo negándome con pasos de baile,
mar bravío que a mi mente azota.
Danzan cubiertas de sangre mis sombras.

Sudor que embriaga cada uno de los poros
de mi piel, que no existe,
que se borra con tus besos,
corrompiéndome por dentro,
donde tú habitas, lo que tú inundas.

Sufrir dibujando ilusiones en la arena,
vagabundas por el viento que las arrastra,
hacia el acantilado donde las piedras se hacen polvo,
donde el sol se esconde tras de ti.

Sentir y padecer nada entre las manos,
células prisioneras en el corazón,
sangre, vino dulce y mortal,
arrasándome por dentro
donde tú habitas, lo que tú inundas.

Saberse muerta y andar vacía,
dejando huellas que son heridas de una misma,
grietas transparentes pero dolorosas
en mis uñas, en mis pies y en mis venas.

Sed de ti, hambre de ti que ya no estás,
ansia de ti, necesidad de ti que ya no estás,
pasajero el instante que te trajo y se fue,
que me mató por dentro
donde tú habitas, lo que tú inundas.

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