La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

A mi padre


El valor de saber quedarse en segundo plano lo aprendí de él.
Esa sencillez con la que lleva a cabo todas las empresas que proyecta.
Ese hombre correcto, feliz, coherente.
Ese es mi padre.
Ese hombre que ama a mi madre todos los días, sin adornos pero con las formas del cariño más sincero.
Ese que en s¡lencio se preocupa por todos, aunque a veces no lo notemos.
Ese que sabe que vale más de lo que te hacen creer y le duele cuando sufres.

El que me enseño cuál es la receta para la felicidad.

Gracias!

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