Tengo heridas que me recorren el cuerpo,
si las lees te cuenta qué soy y qué no quiero ser.
Tengo las manos atadas porque me da miedo tocar y romper,
todo a una.
Tengo una mordaza en la boca porque ya no sé qué idioma hablo,
cuál es mi casa y a donde he de virar.
Me secuestraron y no me lo dijeron,
se llevaron mis anhelos, mis ganas y mi esperanza.
Ya no sé cuál es mi camino.
Me equivoqué y ahora la condena es el silencio.
El castigo es feroz y por la noches me desgarra el alma.
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