La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Gracias mamá


Pasan los años y sigues escuchando las historias que te cuento. Sigues siendo la primera a la que susurro mis miedos que son muchos y sigues animándome a que sueñe, a que vuele.
Hoy te llamé casi aterrorizada y hablar contigo me calmó. ¿Cómo lo haces para acertar siempre con las palabras?
Te miro y no sabes cuanto orgullo me llena el cuerpo.
Tenemos nuestros espacios, te cuento, me cuentas, nos contamos.
Y algún día me iré de casa y echaré de menos las conversaciones en la cocina y en el baño.
No querré dejar atrás esa extraña forma de amarme, de escucharme.
Gracias por la confianza en mis decisiones y en mí.
Gracias por consolarme cuando me has visto llorar. Nadie me ha visto llorar más que tú.
Gracias por empujarme para que luche por lo que creo.

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