La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Federico García Lorca

La luna lo miraba desde su ventana en el cielo
el yacía muerto en el suelo,
junto a otros pobres inocentes
que las manos duras de los crueles habían asesinado.
La luna lloraba perdía más que a un amante.
El era poeta...
Mal día aquel 19 de agosto de 1936.

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