La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Mi mundo y yo, a veces.


A veces, mi mundo se queda pequeño. Me encierran y por muchas vueltas que de no encuentro salida, no la hay.
Me agito, me revuelvo y grito pero, aunque sin grilletes, las posibilidades de escapatoria son nulas.

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